Esta tendencia, liderada por los países nórdicos, desafía la «escolarización temprana» académica. En lugar de focosarse en la lectoescritura y las matemáticas formales, el currículo se centra en el juego guiado y libre como la herramienta principal de aprendizaje. El objetivo es desarrollar habilidades socioemocionales, la resiliencia, la curiosidad y la capacidad de resolver problemas. En Finlandia, por ejemplo, los niños aprenden sobre matemáticas y ciencias midiendo árboles en el bosque o clasificando hojas, integrando el conocimiento de forma natural y significativa. Reino Unido está reevaluando su modelo, ya que evidencias muestran que la presión académica a los 4-5 años puede dañar la motivación y el bienestar infantil a largo plazo.
Fuente: Finnish National Agency for Education (EDUFI).
